Las cooperativas integrales

Enric Duran
Impulsor y miembro de la Cooperativa Integral Catalana

Las cooperativas integrales consisten en un proceso para subvertir la salvaje realidad que padecemos como sociedad y como parte implicada del sistema de dominación capitalista, gestionado por unos pocos y apoyado y mantenido por el aparato estatal, que es quien le da de comer. Es por tanto una herramienta para construir contrapoder, contrapoder desde la base, partiendo de la autogestión, la autoorganización y la democracia asamblearia y directa, ofreciéndonos un camino para transitar de la actual dependencia sobre las estructuras del sistema hacia un escenario de libertad de consciencia plena, libre de autoridad y donde todos y todas nos podamos desarrollar en plenitud e igualdad de derechos y posibilidades.

Es una propuesta constructiva de desobediencia y autogestión generalizada para reconstruir la sociedad desde abajo (en todos sus ámbitos y de manera integral), recuperando las relaciones humanas y afectivas, de proximidad y basadas en la confianza.

Una de sus lineas de trabajo, la cual las diferencia de otras propuestas de transición, es la práctica de la desobediencia económica ante las estructuras del Estado (impuestos, seguridad social, etc…), como uno de sus ejes básicos de acción cotidiana. Esta línea de acción está impulsando la construcción de un nuevo modelo productivo apoyado en un emergente sistema público cooperativo y consolidando a la vez la estructura operativa de la propia cooperativa integral.

Tras el inicio de la Cooperativa Integral Catalana, en mayo del 2010, y después de la eclosión del 15-M al año siguiente; desde septiembre 2011, estamos asistiendo al inicio de múltiples procesos embrionarios de cooperativas integrales en diversos territorios próximos, como son la cooperativa integral valenciana, madrileña, riojana, aragonesa, granadina, asturiana, galega, y también Auzolan, un proceso similar en euskalherria.

La cuestión estratégica es esencial para poder asegurar la recuperación del movimiento 15-M ( o como quiera que le llamemos al movimiento unitario de oposición social y popular al status quo en el estado español), con la misma fuerza o más de cuando se creó.

Cuando reflexionamos sobre las estrategias de acción para transformar la sociedad en el ámbito político, a menudo vemos que se llega a un callejón sin salida, al darnos cuenta que ninguna de las propuestas nos parece suficientemente aplicable, ya que las movilizaciones ante los grandes temas de la agenda política actual, por más mayoritario que sea su apoyo, siempre se encuentran ante sí, con la cuestión del poder. Es decir, las decisiones las acaban tomando igual, porque tienen el poder de hacerlo, por más minoritario que sea su apoyo. 

Ese poder emana de distintas fuentes: el control de las grandes empresas, el control del dinero, el control de los medios de comunicación masivos, el control de la violencia mediante la  policía y el ejército….

Así pues, cuentan entre otros, con los bancos, los lobbies y las instituciones internacionales, para dirigir las políticas públicas, de modo que las reformas (o las movilizaciones de autodefensa) planteadas en muchos ámbitos como la economía, la ecología, la educación y la salud, son casi inalcanzables si no transformamos previamente al propio sistema político o generamos un contrapoder popular desde el que construir una nueva soberanía popular.

En el momento en que se escribe este artículo,  esta circulando por internet la propuesta de tomar el congreso el 25 de septiembre del 2012. De alguna forma esta es una de las ultimas estrategias posibles, basadas en la movilización, para muchos pretende ser la estrategia definitiva, pero ¿que ocurrirá en el supuesto que tuviera éxito y se disolvieran las cortes?  ¿Que ocurriría si una organización política empezara a actuar en beneficio de la población? Entonces, quizá para que el cambio social fuera real y de largo alcance, habría que generar experiencia organizativa, en gestión económica, en políticas de educación, de salud, de vivienda, del pueblo para el pueblo…Pero ¿vamos a esperar al día siguiente de la revolución para aprender todo ello, o vamos a generar una experiencia de construcción de sociedad que sea válida para cualquier situación que se pueda dar en el incierto futuro que se nos presenta?
Sigue vivo el debate en muchos espacios sobre qué estrategia seguir para reforzar el movimiento social ante lo que se avecina. Muchas de las propuestas, basadas en la reivindicación para conseguir reformas que den base legal a un sistema basado en una democracia directa y participativa, son incapaces de responder a la pregunta: ¿Que haremos nosotros si el poder no acepta nuestras reivindicaciones (la opción más probable por otro lado …)?

Para muchas de las preguntas presentes en los debates de los movimientos sociales, las cooperativas integrales aportan al 15-M una de las pocas respuestas vivas, que se van ganando un lugar en el imaginario colectivo; de ahí seguramente la multiplicación de iniciativas de cooperativas integrales, que tras la referencia de la Cooperativa integral Catalana, se han ido generando desde  personas y grupos en buena parte vinculados al 15-M.
La autogestión aplicada a nivel político  tiene mucho que ver con lo que se vivió con la generación de reuniones en las plazas y la constitución de asambleas populares; pero a aquello le faltaría una visión estratégica, una especie de plan, que permitiera imaginar, paso por paso, todo lo que es necesario hacer para el desarrollo exitoso de una asamblea popular, y más allá de ella de un sistema de organización basado en asambleas populares.
Por añadir. Esta estrategia del autogobierno consistiría en dedicarnos desde el movimiento organizado a ir creando y ampliando mecanismos de participación directa: presenciales como asambleas y consultas populares, y al mismo tiempo ir asumiendo la capacidad de contrapoder suficiente para hacer que sean vinculantes como lo son ya por ejemplo en muchos casos las decisiones/acciones de detener los desahucios.

Cuando hablamos de construir un nuevo sistema desde la autogestión, es importante reseñar que el objetivo debe  ser el de cubrir las necesidades básicas de todos y todas nosotras,    mediante la acción colectiva. Algunas   de estas necesidades básicas serían la alimentación, la educación  (y la cultura popular), la salud, la vivienda,  el transporte y la  energía por  citar las más relevantes.  Por tanto una labor de la cooperativa  integral, a la que seria importante que cada vez más grupos del entorno del 15-M se sumaran, consiste en recuperar lo público, entendido lo público como bien colectivo, no Estatal ni privado, forma originaria de gestión emanada de la cooperación entre humanos.

No podemos seguir defendiendo mantener lo público estatal a cualquier precio, porque estos servicios, deben de existir para cubrir el bien que se espera de ellos, y cuando su aplicación resulta contraproducente para el objetivo que se pretendía, como es el momento actual (la sanidad, mata; la educación, nos hace esclavos), necesitamos cambiar nuestro prisma de visión y recuperarlos en un formato que realmente revierta en beneficio de las personas.

Una linea de acción tangencial a todos los proyectos autogestionados, es la de promover la colectivización de bienes, terrenos y viviendas; otra línea de trabajo clave es promover la salud, la educación pública y el derecho a la vivienda, como servicios   autogestionados al margen del monopolio doctrinario establecido por  el Estado y el mercado capitalista.

Puede parecer utópico pero se trata de una realidad en construcción que está creciendo a buen ritmo. Para que las cooperativas integrales puedan consolidarse y responder cada vez a mayores retos, lo que se necesita es que cada vez más personas comprometidas con el cambio social, participen de ellas y sean capaces de dedicar energías y confianza en un proceso que a diferencia de muchas otras cosas, depende sobretodo de nosotros mismos.